Defensa Federal por Soborno: Estados Unidos contra Sean Potts

Resumen de resultados: Desestimación total de todos los cargos. El gobierno federal desestimó voluntariamente la causa contra mi cliente antes del juicio.
Fuente: Justice.gov

Cargos

  • Conspiración para cometer fraude electrónico
  • Conspiración para cometer lavado de dinero
  • Plan de soborno comercial internacional
  • Fraude de servicios honestos (privar al empleador de servicios honestos)
  • Evasión fiscal (ocultar cuentas en el extranjero)

El Reto

Sean Potts forjó su carrera como comerciante de petróleo para una de las compañías energéticas más grandes del mundo. Con veinte años de experiencia, se le confiaron transacciones multimillonarias. Tenía licencia para comerciar con crudo desde África Occidental hasta Europa del Este.

Entonces, agentes federales llamaron a su puerta en Pensilvania a las 5 de la mañana.

El gobierno afirmó que Sean dirigió una conspiración de ocho años para robar millones a Chevron mediante sobornos. Alegaron que dirigía operaciones petroleras a contrapartes específicas que le pagaban comisiones secretas. Cuentas en bancos suizos. Empresas fantasma en las Islas Caimán. Autos comprados con dinero blanqueado.

Las pruebas parecían devastadoras.

Los fiscales federales tenían registros bancarios que mostraban que el dinero fluía de cuentas suizas a concesionarios de automóviles donde Sean compraba vehículos. Tenían transferencias bancarias a cuentas en las Islas Caimán. Tenían cómplices listos para testificar en su contra.

El gobierno pintó a Sean como el cerebro de una conspiración de fraude internacional que le costó millones a Chevron. Querían que sirviera de ejemplo de que la corrupción corporativa no sería tolerada. Sean se enfrentaba a 40 años de prisión federal. Su carrera como comerciante había terminado. Su reputación estaba destruida. Su familia veía cómo su mundo se derrumbaba.

No se trataba solo de demostrar su inocencia. Se trataba de exponer los excesos de la fiscalía.

La Estrategia

Fase 1: Desmontar la cronología del gobierno

La fiscalía construyó su caso en torno a una narrativa simple: Sean aceptó sobornos a cambio de manipular las transacciones. Contaban con una cronología que abarcaba de 2004 a 2012 y que parecía irrefutable.

Pero las cronologías pueden ser engañosas.

Contraté a expertos en comercio de energía para analizar cada transacción que el gobierno alegaba estar contaminada. No solo los flujos financieros, sino también las condiciones del mercado, los procesos de licitación competitivos y las razones comerciales legítimas de cada transacción.

El resultado fue una imagen completamente diferente. Sean no manipulaba las transacciones para obtener un beneficio personal. Estaba ejecutando transacciones que eran perfectamente lógicas para Chevron, basándose en las condiciones del mercado, la logística y las relaciones con los proveedores.

Fase 2: Desafiar la teoría de la conspiración

A los fiscales federales les encantan los cargos de conspiración porque son más fáciles de probar. No es necesario demostrar que alguien cometió el delito subyacente, solo que acordó participar en él.

Pero la conspiración requiere acuerdo. Requiere una intención criminal compartida. Me centré en desmantelar el supuesto acuerdo entre Sean y sus cómplices. El gobierno afirmó que colaboraron para defraudar a Chevron. Sin embargo, las pruebas demostraron relaciones comerciales legítimas que no tenían nada que ver con el fraude.

Fase 3: Revelar la verdad

Esto es lo que el gobierno no quería que el jurado escuchara: Sean estaba siendo utilizado como chivo expiatorio por prácticas estándar de la industria que Chevron conocía y aceptaba.

El negocio del comercio de energía funciona de forma diferente a otras industrias. Las relaciones importan. Las comisiones son comunes. Lo que el gobierno llamó “sobornos” a menudo eran honorarios legítimos por intermediación o acuerdos de consultoría que Chevron conocía.

Recopilé pruebas que demostraban que el propio departamento de cumplimiento de Chevron había revisado y aprobado muchas de las transacciones que el gobierno afirmaba que eran fraudulentas.

Fase 4: Atacar a los testigos clave del gobierno

Todo caso federal se basa en la cooperación de testigos. El gobierno había desautorizado a los presuntos cómplices de Sean, quienes ahora testificaban en su contra para reducir sus propias condenas. Me preparé para destruir su credibilidad durante el contrainterrogatorio. No eran testigos neutrales que decían la verdad. Eran criminales desesperados que intentaban salvarse destruyendo a Sean.

Documenté cada inconsistencia en sus relatos, cada beneficio que recibieron por cooperar, cada razón que tenían para mentir.

Fase 5: Forzar la mano del gobierno

A medida que se acercaba el juicio, presenté moción tras moción impugnando las pruebas del gobierno. Ataqué su teoría del caso. Expuse las debilidades de sus testimonios.

Más importante aún, dejé claro que estábamos preparados para llevar este caso a juicio y refutar todos los cargos. El gobierno tendría que demostrar más allá de toda duda razonable que Sean cometió estos delitos, no solo que estuvo involucrado en transacciones que no les gustaban.

Resultado Del Caso

Seis meses antes del juicio, el gobierno se inmutó.

La fiscalía presentó una moción para desestimar todos los cargos contra Sean Potts. Desestimación total. Sin acuerdo de culpabilidad. Sin acuerdo de cooperación. Sin admisión de irregularidades.

Se dieron cuenta de que no podían probar su caso más allá de toda duda razonable.

Pero la verdadera victoria fue más importante que simplemente desestimar los cargos. Expusimos un patrón de extralimitación fiscal donde el gobierno criminalizaba prácticas comerciales legítimas que no entendía.

Sean salió completamente reivindicado. Sin antecedentes penales. Sin declaración de culpabilidad. Sin cooperación con terceros.

La desestimación envió un mensaje a los fiscales federales: no pueden destruir la vida de alguien solo porque no les guste el funcionamiento de una industria.

En los tribunales federales, las desestimaciones son poco frecuentes. Este caso demostró que una defensa agresiva y una preparación exhaustiva pueden obligar incluso a los fiscales más seguros de sí mismos a abandonar sus casos.